En este escrito Ey, dirigiéndose a los médicos generales busca ayudarlos a comprender al alucinado para prestarle asistencia (refiere a 7301).

La alucinación que en todas sus formas manifiesta un tipo de desgarro del ser y que traducen para un médico una enfermedad no es un hecho que sea evidente para todos (especialmente para mentes filosóficas, religiosas, idealizadas que tienden a considerar  la alucinación como una ‘imaginación creadora’, un signo de valor cultural). El análisis clínico impone la idea de que entre las ilusiones existen fenómenos que son ‘realmente’ alucinatorios, es decir patológicos: una desorganización de la percepción cuyo efecto es la alucinación.

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